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Psicóloga Vecindario CELOS: Consejos y Prevención

 


Los celos: Consejos y Prevención

Las relaciones interpersonales se basan en la confianza y en el intercambio de la información sincera. La base y el objetivo de toda relación es afianzar la confianza mutua durante todo el tiempo que se esté con la otra persona. Los celos son una amenaza directa a la confianza porque la duda permanente es intolerable y puede destruir la relación.
Construir una relación de confianza lleva tiempo y esfuerzo, pero se puede destruir muy rápidamente y tal vez para siempre. Y si la desconfianza impera, puede que la relación se rompa pronto o que se convierta en un infierno para ambos.

Consejos

1.    Hacer todo lo posible por aumentar la confianza, tarea que es de todos los días. Para ello, lo mejor es no preocuparse mientras no haya indicios claros y reiterados de deseo de abandono o de interés hacia otra persona por parte del amante. Lo que no está roto no hay que arreglarlo, y donde no existen problemas no hay que crearlos. No hay que obsesionarse pensando que es inevitable que a uno le va a engañar precisamente quien más le quiere.

2.    Es necesario dialogar con la pareja sobre los asuntos o personas que pueden suscitar celos con el ánimo de aclararlo todo. Por difícil que pueda parecer, no se deben eludir temas que pueden amenazar la relación. Confianza quiere decir ser capaz de hablar de todo y comentarlo todo, incluso los asuntos más delicados, y la infidelidad es uno de ellos. Los temas y las cuestiones importantes, como el amor y la fidelidad, ponen al descubierto la fuerza o la fragilidad de la relación. Tratar a alguien con quien se comparte todo o con quien se quiere vivir supone abordar tarde o temprano cuestiones relevantes sobre el futuro, asuntos de trabajo y dinero, posibilidad de tener descendencia, cómo desenvolverse en las relaciones con la familia cercana y con otras personas, incluyendo los exnovios y los amigos. En estas conversaciones se va adquiriendo una idea de cómo son el comportamiento, las emociones y las actitudes de la otra persona y, por tanto, se puede saber si es más o menos celosa.

3.    Aunque la infidelidad sea relativamente frecuente, no lo es tanto discutirla con la pareja. En un momento dado hay que hablar de ella y de asuntos relacionados. Si se vive con un celoso, equivale a mentar la soga en casa del ahorcado y se corre el riesgo de provocar, como poco, momentos de tensión. Hablar sobre infidelidad no hace más que aumentar sus miedos y reforzar su convicción sobre la posibilidad de que el suceso temido ocurra. La infidelidad cercana o que afecta a personas famosas lleva a la pareja a plantearse su actitud ante las aventuras sexuales, y a preguntarse por qué sucedió en tales casos. Este tipo de pensamientos puede ser odioso para el celoso. Si se comenta un caso conocido, puede ser una ocasión para mostrarlo como mal ejemplo, en la dimensión que se quiera, y reforzar el vínculo. A menudo se terminan estas conversaciones con una rápida y terminante crítica contra él o la infiel. Peor es callarse y que los asuntos posiblemente conflictivos queden pendientes. En caso de duda es mejor hablar.

Prevenir
     Especialmente importante es conocer bien a la pareja antes de contraer un compromiso más o menos definitivo; si se puede, antes de tener relaciones que
contribuyan a una dependencia afectiva, antes de ir a vivir juntos y, una vez que se vive juntos, antes de tener hijos o adquirir compromisos legales. Esta sucesión de pasos suele hacer más profundo el vínculo emocional y vuelve más difícil el enmendar la situación si todo fuera mal. Esto quiere decir que hay que tratar mucho a la otra persona, en el sentido habitual de interactuar sobradamente con alguien. Lo más valioso es saber qué espera el otro de la relación. A menudo, no lo sabe ni uno mismo, pues esta expectativa se va revelando poco a poco y puede cambiar con el paso del tiempo. El conocimiento mutuo suele rebajar las aspiraciones.
Lo sensato es conocer al amante o a la amante en diferentes situaciones, favorables y desfavorables, lo que requiere tiempo:
·         Observar, estudiar y analizar bien las aspiraciones, los intereses y los conflictos que afecten a la otra persona y a sus allegados, por ejemplo, si sufren o pueden sufrir presiones por parte de alguien.
·         Saber su proyecto de vida, sus deseos, si sus expectativas respecto a quienes le rodean se ajustan más o menos a la realidad. Si hay coherencia entre lo que dice, piensa y hace. Muy importante es saber si es una persona flexible capaz de adaptar metas y deseos a sus circunstancias objetivas.
·         Valorar su educación y el medio en el que se ha formado, de lo que se puede tener noticia directamente o a través de personas que le o la conocen de hace tiempo. Tener presente a quién pide consejo y opinión, si lo hace, en temas relevantes.
·         Quiénes han sido las personas que han influido en su vida, quiénes considera sus modelos y a quién le gustaría imitar.
·         Conocer sus opiniones y actitudes hacia temas importantes para la pareja: dinero, empleo, hijos, vivienda; y hacia otras personas: parientes, amigos, compañeros de trabajo, antiguos novios. Y más aún respecto al pasado: su ambiente, sus amigos, su familia.
·         Compartir experiencias comunes, por ejemplo, en viajes de trabajo o de placer, y comprobar cómo se comporta. Observar y preguntar a menudo cómo se siente, especialmente en situaciones incómodas o adversas.
·         Explorar cómo son sus reacciones ante las críticas hacia su persona y acciones. Sobre todo, hablar mucho y de muchas cosas. Así será más difícil que esconda algún aspecto de su forma de ser o de su comportamiento que pueda traer problemas de celos o de otro tipo en el presente y en el futuro.
     La pasión y un exceso de confianza empujan a comprometerse en relaciones no saludables que, a la larga, lamentan haber iniciado. Las fases de cortejo y seducción, relativamente rápidas en nuestros tiempos, se han caracterizado siempre, como cualquier encuentro social, por el intento de presentar la imagen más favorable de uno mismo hacia él o la pretendiente. En este esfuerzo por causar una buena impresión es fácil que se oculte información personal que se piensa que puede perjudicar a uno. También es fácil que se exageren o inventen méritos que le hagan más atractivo como futura pareja. Al mismo tiempo puede que se disimulen conductas de vigilancia y control que pudieran interpretarse como injerencias u obsesiones. Como todo el mundo es consciente de los procesos de idealización que acompañan al cortejo y la pasión, mucha información se «filtra», se «descuenta» o es esperable, de manera que se pone en cuarentena para irla verificando poco a poco.
En el ámbito de la prevención, la literatura popular habla de un mejor perfil de pareja que se corresponde con las personas alegres y sociables, al tiempo que se previene acerca de personas excesivamente reservadas. Hay que tener cuidado. Los psicópatas y los celosos manipuladores suelen presentarse como personas encantadoras, simpáticas y serviciales, hasta el momento en el que existe un vínculo que les permite acceder a los bienes que desean y arrebatarlos. Otra recomendación es evitar comprometerse sentimentalmente con personas que padezcan trastornos mentales graves o que se manifiesten como excesivamente impulsivas o agresivas.
No obstante, algunas enfermedades psíquicas, como la esquizofrenia, son controlables con fármacos y quienes las sufren pueden ser excelentes esposos y padres,
sin plantear más problemas que cualquier persona mentalmente sana. Lo que no falla nunca es conocer bien a la persona con la que se desea compartir la vida y los bienes. Se trata de saber con quién se comparte y disfruta lo más valioso que se posee: uno mismo.
El problema para detectar a los celosos patológicos es que en las primeras etapas de una relación se pueden confundir las conductas de retención y de control, con una atención y un cariño intensos. Por otro lado, lo que todo el mundo desea es experimentar precisamente esa pasión que acompaña al enamoramiento inicial. Más fácil es seguir y detectar señales de alerta, para valorarlas y comprobarlas, pasado ya un tiempo, cuando la relación se va cimentando y se van afrontando en común los distintos aconteceres de la vida. El discurrir de la vida, las experiencias que se suceden, observar y conocer al otro deben ayudar a salir de dudas.
Pero hacer lo anterior no siempre es fácil, especialmente cuando uno se encuentra en situaciones emocionales poco proclives a razonar con calma y detenimiento y a pensar a largo plazo. El paso del tiempo ayuda a conocer al otro miembro de la pareja, pero la pasión tiene siempre prisa.
Si uno se encuentra ante alguien suspicaz, con reacciones exageradas o airadas ante el mínimo contratiempo o ante una opinión contraria, es lógico pensar que estos rasgos se acentúen con el paso del tiempo. Se dispararán en situaciones desfavorables, que abundan en la vida. Si aún se está a tiempo y se tiene la determinación suficiente, es el momento de romper. Como se ha dicho, más difícil es hacerlo cuando la relación está firmemente establecida y asentada. La presencia de celos manipuladores, la vida insoportable por el continuo acoso o las agresiones físicas o verbales son señales para pedir ayuda y abandonar a la otra persona. Nunca será demasiado tarde ni demasiado pronto.
¿Se puede cambiar al otro?
 En las etapas de amor apasionado, el carácter aparentemente manejable del pretendiente puede hacer pensar que será siempre así y que se le podrá cambiar. Nada más lejos de la realidad. El amor apasionado deja paso más pronto o más tarde a otro más sereno, en el que el ansia de hacer todo lo que pueda hacer feliz al ser querido se atenúa. No se puede cambiar al otro todo el tiempo ni en todo. Si se abrigaba la esperanza de «mejorar» los modos o el carácter del amado, se experimentará cierta desilusión. La capacidad para moldear a la pareja como uno desea es muy limitada y, a veces, contraproducente. No obstante, siempre se puede intentar
¿Se puede conseguir que sea menos celoso?
Sí, se puede y se debe intentar. Pero no vale todo, ni todo lo que se haga será igual de eficaz.
SOY CELOSO. ¿QUÉ HAGO?
1.    Ser consciente de que la actitud y el comportamiento de uno perjudican a corto y a largo plazo a la persona que más quiere. Se está haciendo un daño posiblemente irreversible a uno mismo y a su pareja. El celoso no controla parte de su comportamiento porque está sometido intermitentemente a una intensa emoción negativa, que no sólo no le deja razonar bien en su vida sentimental, sino que tampoco les deja vivir ni a él ni a su amante.
2.     Es imprescindible que recupere el control de su comportamiento, que conozca sus sentimientos y sus actos y que los domine. Los celos pueden ser muy intensos e ir acompañados de una enorme angustia. Hablar con otros puede ayudar, y esto vale tanto para los celosos como para sus parejas. Siempre con personas cercanas o profesionales. Todos tenemos a nuestro alrededor una red social más o menos amplia de conocidos, amigos y allegados que pueden echar una mano en un momento determinado. Compartir las penas con otros puede ser de gran ayuda. El problema de los celos es que a menudo van acompañados de vergüenza y sentimientos de valer poco que llevan a ocultarlos a los demás, especialmente a quienes mejor le conocen a uno y a quienes se debe escuchar más atentamente. Si se tiene cerca una persona de mucha confianza y buen criterio, es el momento de hablar y confiar en ella. Como poco
proporcionará una sensación de alivio gratificante.
3.    El bienestar y la felicidad en esta vida dependen básica y esencialmente de uno mismo y de cómo se siente. La pareja es un elemento importantísimo, pero no el único y no siempre el principal. Por ello, es de sabios no esperarlo todo del compañero sentimental. La persona amada es una fuente de satisfacción, tal vez la más importante, pero no la única. La pareja ayuda mucho, pero no puede dar todo lo que uno necesita en esta vida. También es imprescindible recibir el calor de la familia y de los amigos, aunque estén lejos, realizar nuestra carrera profesional o disfrutar de nuestro trabajo, o practicar hobbies, deportes o aficiones que nos llenen. Cuando se pregunta a las personas por los mejores momentos de su vida, casi todos corresponden a situaciones en las que han estado acompañadas. Se impone por tanto tener otras fuentes de satisfacción al margen de la pareja y otras personas con las que hablar, entretenerse y pasar el rato. Se trata de llenar el tiempo que se malgasta en las ideas y conductas de celos con aficiones y actividades placenteras.
4.    En el amor auténtico, es más importante dar que recibir. No se puede asentar la vida en común o el matrimonio sobre el deseo, infundado, estéril y falso, de que se debe recibir todo de otra persona. Por supuesto, siempre se espera algo o mucho del otro, pero volcarse en la persona amada es la expresión del cariño y da más satisfacciones que esperar pasivamente recibirlo todo. Aquí se incluye dar todo lo bueno, lo que implica también dar confianza al otro. Apelando a la reciprocidad, no se debe desconfiar de quien confía en uno.
5.    Hay que evitar el chantaje emocional, del tipo «Si me quieres, no me hagas sufrir» o «Si me quisieras, no harías eso» o «Si haces eso (o si me tratas así), es porque no me quieres». Una persona ama y quiere a otra porque sí, porque le nace y es libre de hacerlo. No ama para pagar deudas que no existen. Si no está de acuerdo con cómo le trata o con lo que hace su pareja, hable del tema tranquila y firmemente con ella, expóngale cómo se siente, la intensidad de su malestar y las razones que ve para ello. Pero no la chantajee. Es el momento del «Tenemos que hablar», directo, claro, franco, constructivo, amistoso y cariñoso. Nadie en su sano juicio lleva una contabilidad o balance de favores y agravios relativos a las relaciones con la pareja, la familia directa o los amigos íntimos. Puntualmente se hablan las cosas, y se utilizan las cuatro frases mágicas: por favor, lo siento, gracias y perdón. En consecuencia, identifique las situaciones de chantaje emocional y reflexione sobre ellas para valorar su oportunidad, intensidad y, sobre todo, necesidad. Siempre se espera algo del otro y siempre se desea dar algo. Pero lo mejor es no chantajear y decir o dejar claro qué es lo que se desea y espera del otro y, en especial, qué es lo que a uno le hace feliz. Como les gusta decir a los psicólogos: «Tu pareja está contigo porque te quiere como eres». Nadie es perfecto. No se puede uno comparar con otros de forma global porque globalmente somos iguales. Cada persona es un ser valioso, único, con sus propias cualidades. Nadie es bueno en todo lo que hace y todos tenemos defectos. Hay que aceptar y reconocer al otro, en principio y por encima de todo, como una persona que posee un valor propio y que es diferente de uno y de los demás. Todo ello con independencia de lo que pueda proporcionar de bueno en el curso de la relación, y también de si aquello que piensa o hace coincide o no con los deseos de uno. La pareja le ha elegido a uno libremente y le acepta y quiere tal como es: así de rico, pobre, listo o torpe. Recíprocamente, uno tiene que aceptar a su pareja tal como es.
6.    Un paso importante es que hay que aprender a quererse, a apreciar todo lo bueno que hay en uno. Quererse y aceptarse es fundamental para querer y aceptar al otro como es y no como queremos que sea. Las cualidades buenas que se tienen se ejercen y, cuando llegue el caso, se destacan. Con la debida moderación, uno tiene que apreciarse y quererse para que le quieran los demás. La historia de todos está surtida de bastantes ocasiones en las que han brillado las cualidades de uno. No son todas las que se quisiera, pero están ahí para recordarlas en su momento.
7.    La vida en común exige respeto al otro, y en ese respeto se incluye un espacio privado o íntimo, que el ser querido compartirá o no con quien desee. El celoso suele olvidar que todos, y también su pareja, necesitamos un espacio personal, privado, en el que quepan nuestros recuerdos y nuestros pensamientos más íntimos. También necesitamos momentos y lugares de soledad para reflexionar y dejar pasar el tiempo. Son tiempos y espacios de cada uno, llenos de intimidad, que oxigenan y dan fuerza para salir adelante con más energía. Si uno no dispone de tiempo, espacio, aficiones, incluyendo amistades propias, no es libre, no tiene una idea de su valor personal y se pierde parte de lo bueno que tiene la vida. Lo mismo puede decirse de la forma de expresarse, de peinarse o de vestirse. Si uno tiene amistades, el otro miembro de la pareja tiene derecho a tenerlas también. Y si uno renuncia a ellas, no debe esperar que el otro renuncie.
8.    No se debe estrechar el lazo y asfixiar a la persona amada. Eso sí, hay que hablar y dejar claros cuáles son los límites de los espacios íntimos y privados. El espacio íntimo se protege y se respeta, igual que se debe exigir del otro que respete el de uno.
9.    La llegada de los sentimientos de celos, sospechas y dudas debe ser seguida por el sosiego y no por la agitación. Es el momento de reflexionar y dialogar. Ser sincero y confiar en quien se quiere. Cuando hay problemas, hay que hablar. Hay que procurar aclararlo todo con respeto, cortesía y afecto. Si a uno le asaltan las dudas, primero hay que calmarse y después hablar sobre ellas. El diálogo es la mejor forma de poner fin a un problema o a un conflicto. En el fragor de una discusión, situación frecuente en la convivencia, hay que frenar la escalada de violencia y enfriar los ánimos destemplados.
10. Se deben evitar a toda costa insultos, amenazas y, por supuesto, agresiones del tipo quesean. Las consecuencias pueden ser más graves que el incidente que las originó y pueden también dejar secuelas durante años. Algunas riñas provocan efectos irremediables. Sin llegar a la agresión física, las amenazas, el insulto mordaz o romper cosas queridas de la otra persona por hacer daño pueden iniciar un torrente de represalias y una escalada de violencia psicológica que rompa la relación y la haga irrecuperable. Si la crisis es grave, convendrá dejar un tiempo para que los ánimos se templen antes de hablar y tratar los problemas con calma. Lo fundamental es no aumentar la tensión y recuperar la serenidad.
Una vez que se da uno cuenta de que está sometido a sus emociones, debe:
a)     Liberarse y recuperar el control de sus pensamientos y actos. Debe dejar de pensar en lo malo que puede o no suceder. Sustituir los malos pensamientos por los buenos, por los recuerdos de momentos felices y por la anticipación de otros que vendrán. Debe detener las conductas de vigilancia y control que tanto tiempo le hacen perder y tanto daño le causan a uno y a la persona a quien ama.
b)    Prestar más atención a cómo es la calidad de la relación y su desarrollo a lo largo del tiempo, que a los pensamientos y sentimientos negativos aislados. Se trata de vivir más intensamente la vida real de la pareja, no las fantasías y pensamientos destructivos. En la gestión cotidiana del tiempo y del esfuerzo, la mejor inversión es en los sentimientos, en la pareja, en disfrutar de la vida con ella, y después en nuestras aficiones, en el trabajo y en nuestros contactos sociales. Esto es lo que se pierde el celoso cuando concentra sus energías en ideas, sentimientos y pensamientos destructivos.
c)    Se debe superar el afán de posesión. Ni la pareja ni sus sentimientos pertenecen a nadie. Son suyos y, para bien o para mal, de nadie más. El ser querido es una persona libre con todos sus derechos y por eso se le ha elegido. Recíprocamente, el que a uno le quieran es una decisión voluntaria, no forzada. Ésa es la libertad del amor y su grandeza.
Sentimientos frecuentes que asaltan a los afectados son del tipo: «Quiero mucho a mi pareja, pero no puede controlarme. ¿Qué hago?». Si ha llegado al punto en que no controla sus sentimientos de celos ni la conducta y accesos de ira que le provocan, si son el eje alrededor del que gira su vida de pareja, si después de hacer todo lo posible ve que la situación no mejora, hable de nuevo con su pareja y busquen la ayuda profesional de un psicólogo o psiquiatra.


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