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Psicóloga Vecindario TERAPIA DE PAREJA: TRATAMIENTO FUERA DEL MARCO ESTRICTAMENTE COGNITIVO CONDUCTUAL






Mejora de la intimidad y tratamiento de las emociones relacionadas con el apego

La terapia cognitivo conductual se centra en lograr la capacidad de la pareja de decidir y de manejar de forma armoniosa los bienes o refuerzos que comparten y a las distorsiones cognitivas subyacentes. En este sentido, no enfrenta de forma directa la intimidad, aunque sus técnicas, al proporcionar la comunicación y el entendimiento conjunto de los problemas, la potencian indirectamente.

Hay que resaltar que uno de los procesos más importantes, entre los que ponen en marcha estas terapias, es el fomento de la intimidad, al hacer que los miembros de la pareja entren de nuevo en el proceso de autorrevelación y de aceptación, fomentando así elementos como la expresión de emociones y afectos de forma constante, mostrando debilidades en la pareja; como los sentimientos asociados al apego, los de soledad y los de necesidad de aceptación y apoyo, que van a permitir iniciar de nuevo y mantener el proceso de fortalecimiento de la intimidad.



Terapia enfocada en la emoción

Fuera del marco estrictamente cognitivo conductual y teniendo en cuenta las conductas de apego, Greenberg y Johnson (1988) plantean la terapia enfocada en la emoción. Parten de la teoría de que los miembros de la pareja tienen problemas de apego, aprendidos en la familia de origen, por tanto, son previos al problema de pareja, y están en la causa del conflicto.

 Los componentes de la pareja experimentan depresión o miedo cuando temen que los abandonen, por ejemplo, si el otro muestra interés en un tercero. Sin embargo, en lugar de manifestar directamente esas emociones que los hacen débiles y vulnerables, muestran emociones secundarias por medio de las que se intentan proteger, evitando dar sensación de debilidad o incluso intentando parecer fuertes, así emplean la retirada o la ira o establecen una actitud totalmente defensiva. Evidentemente, al expresar estas emociones secundarias están intentando solucionar sus problemas, pero lo que consiguen es lo contrario, incrementarlos. En efecto, originan reacciones agresivas o defensivas del otro que no conoce las causas de lo que ocurre. Se producen entonces profecías autocumplidas, el miedo al abandono está seguido por una conducta agresiva o evitativa que conduce a un deterioro de la relación y finalmente la relación es tan poco reforzante que el otro puede llegar a pensar en abandonar la pareja. La terapia tiene por objeto que los dos aprendan a mostrar las emociones primarias y entiendan el origen de las secundarias.

El objetivo terapéutico en la terapia enfocada en la emoción consiste en romper el círculo vicioso.

La forma de romperlo es conseguir que hablen de sus emociones primarias. En ese momento, el que lo hace, muestra su debilidad al otro y descubre puntos vulnerables de importancia.

En el proceso terapéutico se suele conseguir que el que escucha exprese aceptación, de manera que el que muestra sus emociones sienta el soporte que necesita; así se fomenta la intimidad de forma operativa. Además, cuando se establecen las emociones como la motivación que subyace en el conflicto se cambian las atribuciones del problema y se desvía la atención de las discusiones cortando el ciclo de reacción negativa seguida por reacción negativa al introducir un elemento de aceptación.

Existe evidencia de la eficacia de este tipo de intervención sobre la intimidad, aunque no se ha mostrado superior a los efectos que se consiguen con el tratamiento basado en resolución de problemas y puede tener un efecto mayor en mujeres que en hombres (Lawrence, Eldridge y Christensen, 1998)

Terapia de pareja integradora

Dentro del contexto de la terapia cognitivo conductual se ha desarrollado la terapia de pareja integradora (Christensen, Jacobson, Babcock, 1995, Jacobson, Christensen, 1996) en la que añade a los componentes clásicos la aceptación emocional, que es un elemento fundamental de la pareja, sin un mínimo la pareja no se puede constituir o no se mantiene. La aceptación total corresponde a momentos de enamoramiento, y se va matizando con el paso del tiempo y con la convivencia, pero tiene que existir para que la pareja subsista.

Con este nuevo elemento de la terapia se trata de que el miembro de la pareja que quiere que se realice un cambio acepte desde un nuevo punto de vista que el otro no lo realice y, sin embargo, aquello que era inaceptable e intolerable se convierta en algo no deseable, pero entendible y tolerable. De forma análoga a la terapia centrada en la emoción, piden a los miembros de la pareja que hablen de emociones suaves como tristeza, miedo, soledad y que mencionen menos las emociones fuertes como ira y resentimiento. Como se ha mencionado, este tipo de interacción elicita en el otro sentimientos de aceptación y de empatía en lugar de defensa o rechazo, de esta forma se fomenta la intimidad. (Lawrence, Eldridge y Christensen, 1998)

Las técnicas que se utilizan para promover la aceptación son (Halford, 1998):

·         Empatía. Reunirse con empatía hacia el otro alrededor del problema, para desarrollar un entendimiento del problema comprendiendo y respetando el punto de vista del otro, aunque no justificándolo. Para ello se discuten conjuntamente los problemas con el modelado del terapeuta y se les anima a manifestar sus sentimientos de dolor y vulnerabilidad. 

·         Objetividad. Emplear la objetividad para conseguir ver el problema con un tinte menos emocional. Se promueve el análisis objetivo para quitar la emoción que introduce distorsiones cognitivas.

·         Tolerancia. Construir la tolerancia con el objetivo de reducir la emoción negativa que causa la conducta o sus resultados del cónyuge. Para ello la técnica que más se utiliza es la exposición, es decir, mantener el estímulo aversivo sin dar las respuestas de evitación.

·         Auto cuidado. Se trata de cambiar la propia conducta para conseguir en otra parte lo que la pareja no da, por ejemplo, consiguiendo nuevos amigos....

Con la aceptación se crea o amplía la comprensión del otro y en consecuencia se mejora la intimidad.

Uno de los mecanismos que ponen en marcha estas terapias es el fomento de la intimidad entrando de nuevo en el proceso de autorrevelación y de aceptación, fomentando además el mecanismo de perpetuación que es la expresión de emociones y afectos de forma constante. Mostrar debilidades en la pareja como son los sentimientos asociados al apego, de soledad y de necesidad de aceptación y apoyo, coloca al sujeto en condiciones de iniciar un nuevo proceso fortalecimiento de la intimidad y, por lo tanto, de la pareja.

Los resultados preliminares obtenidos por la terapia integradora basada en la aceptación indican que se obtienen mejores índices de satisfacción que con la terapia conductual clásica basada en la mejora de la comunicación y la resolución de problemas y promueve los cambios más eficientemente (Jacobson et al, 2000).

Terapia conductual autorreguladora

Uno de las dificultades que aparecen en la terapia de pareja es que cada uno atribuye el problema al otro y carga sobre él la responsabilidad del cambio. Destacando la importancia de este hecho Halford (1998) ha propuesto la terapia de pareja conductual autorreguladora, que hace énfasis especial en aclarar con cada componente que es lo que él puede cambiar para solucionar los problemas, siempre dentro de la filosofía de lograr sus objetivos propios en la pareja. Los resultados obtenidos indican una gran economía en el número de sesiones necesarias para lograr los mismos resultados. En efecto, Halford (2001) plantea una duración general de 1 a 3 sesiones y un máximo de 25. Lógicamente Halford (2001) también define qué tipo de parejas se pueden beneficiar de este tipo de intervención. Hay que destacar que dentro de este planteamiento se está potenciando de forma fundamental el compromiso que cada uno tiene con la pareja y que cuando se toma en consideración se potencia de forma extraordinaria la resolución de los conflictos.

Visión general de Gottman (1998) para resolver los conflictos en la pareja en tres procesos

1)  Conseguir una alta tasa de respuestas positivas ante respuestas negativas del otro.

 Se trata de un cambio profundo que llegue a modificar los sentimientos y no un mero intercambio “comercial” de conductas. Es un cambio de actitud, “estar por”, en lugar de “alejarse de”, que lleve a un sentimiento positivo que consiga llegar a calmar la activación fisiológica del otro, utilizando elementos positivos como el humor, la validación y la empatía. Cuando existe el sentimiento de “estar por el otro” se disparan otros tres procesos asociados:

a)    Se puede editar el pensamiento para evitar entrar en la reciprocidad negativa o en el patrón en el que la mujer ataca y el hombre se retira. Recordemos que este proceso es más fácil que ocurra cuando se tiene mayor compromiso.

b)    Se establecen relaciones asertivas porque se admite la influencia respetuosa del otro y se evita emplear los cuatro jinetes del Apocalipsis para intentar resolver los problemas.

c)    Surge el afecto positivo que evita la actitud defensiva del otro y ayuda a calmar la excitación fisiológic

2)    Ampliar la cantidad de espacio mental o mapa cognitivo o energía mental que dedica cada miembro de la pareja a comprender y conocer el mundo del otro.

Es particularmente importante en el caso del hombre. Hacer esfuerzos por conocer, comprender y entender al otro es fundamental para la continuidad de la pareja. El impacto que este proceso tiene en la intimidad es evidente y sus consecuencias para la continuidad y mejora de la pareja son claras.

3)  Admiración y afecto, cada uno tiene que tener admiración y cariño por el otro, es un antídoto del desprecio.

 Si bien el enamoramiento está considerado actualmente como el inicio ideal de una pareja, se trata de una emoción y como tal es algo en sí mismo volátil. Por lo tanto, no se puede considerar como el elemento que va a cimentar las relaciones de pareja duraderas y felices. Una vez que el enamoramiento, como emoción fuerte, ha pasado lo que queda es algo más duradero, la intimidad y la validación.

La intimidad ocupa el primer lugar en la jerarquía en los objetivos que se buscan en la pareja. Cuando se pregunta cuál es el primer objetivo en el matrimonio la mayoría afirma que es tener a alguien que te escuche y te entienda, es decir, con quien puedas expresarte sin límite y que puedas obtener un refuerzo por lo que en otros ambientes serías menospreciado (Markman y Hahlweg, 1993).

La validación en la pareja implica una apertura total, una autorrevelación, que puede incluir hechos y sentimientos que podrían ser castigados socialmente, que va a ser recibida por el otro con aceptación. Así se construye la intimidad. Cordova y Scott (2001) presentan una definición conductual, afirman que es un proceso que se inicia con una conducta de autorrevelación de elementos que nos muestran débiles y vulnerables y que podrían ser usados en algunos contextos sociales para administrarnos un castigo; sin embargo, la respuesta del otro es de aceptación, o al menos no es castigada. La autorrevelación seguida por aceptación genera un sentimiento de calidez y apoyo que es una consecuencia de la intimidad y nos predispone a continuarla

Además de la autorrevelación hay otros elementos que la construyen como son las manifestaciones de afecto o el sexo (Van den Broucke et al., 1995).

El sexo, generalmente, implica la existencia de una cierta intimidad y su práctica la potencia de forma significativa. Sin embargo, el sexo no la implica necesariamente, además del sexo con prostitutas existente desde siempre, en los últimos tiempos, frecuentemente, se dan relaciones sexuales sin necesidad de la más mínima intimidad en adultos y adolescentes (ver por ejemplo del fenómeno del hookup entre los adolescentes (Paul, 2000)).

La expresión de cualquier emoción, entra dentro de la definición de intimidad de Cordova y Scott, las muestras de afecto y la práctica del sexo son elementos precisos para mantener la intimidad en la pareja y también la aceptación asociada. En la autorrevelación, con el tiempo se da una habituación, lo que era peligroso revelar al principio de la relación se hace natural, ya se sabe que va a ser bien recibido. Mantener el proceso contando cosas que nos hacen débiles o criticables en otros contextos es otro factor que mantiene la intimidad, e implica que las conductas castigables tienen que seguir dándose. La validación se tiene que dar e incluir una gran mayoría de conductas, no solamente las que podrían ser castigadas socialmente, sino también aquellas que podrían recibir refuerzo social, sean reconocidas y reforzadas por la sociedad o no. Nos importa más la opinión de los allegados que la social.

Si bien el enamoramiento como emoción nos predispone a la aceptación incondicional del objeto de nuestro amor, cuando el enamoramiento se hace más débil, la aceptación se ve mediada por los usos y normas sociales, por las influencias externas y por los criterios personales. Entonces se rechazan y castigan determinadas conductas y se establecen unos límites a la intimidad, que permiten la convivencia armoniosa. Si esos límites no se dan, la relación puede resentirse ya que se pueden estar admitiendo conductas en contra de las propias creencias e intereses. No todo es positivo en la intimidad, se trata de aceptar y validar conductas que pudieran ser rechazadas socialmente, se puede dar intimidad asociada a elementos no deseados como el consumo de drogas...

Como todos los aspectos de la pareja, la intimidad tiene una vertiente social. La pareja es un componente de un grupo más grande y dentro de él tiene que mantener su diferenciación y su exclusividad, es decir, la capacidad de hablar de “nosotros” dentro del grupo mayor. El aspecto social de la intimidad es el grado en que se mantiene la privacidad de la relación con otros, como las familias de origen, los amigos, etc. (Van den Broucke et al., 1995).  La privacidad en la pareja significa una separación de la familia de origen para ser una unidad diferente y prioritaria sobre padres y hermanos. Las dificultades que surgen por no haber construido la independencia son muy importantes. Se deben tanto a la falta de capacidad de los padres para dar autonomía a sus hijos y dejarlos que se independicen, como de la fallo de los miembros de la pareja para implantar la independencia. Desde este punto de vista la intimidad es la base sobre la que se constituye la pareja como entidad social independiente.


En relación con las ideas expresadas en los apartados anteriores Sternberg (1986) plantea su teoría triangular del amor, que ha obtenido cierta evidencia empírica (Lemieux y Hale, 2000). Para este autor el amor tiene tres componentes básicos, la pasión, el compromiso y la intimidad.

Las diferentes formas del amor (Sternberg, 1986, tomado de Moya, 1997)

Amor Triangular: compromiso, intimidad y pasión

La figura anterior muestra las diferentes formas de amor que se pueden dar en una pareja de acuerdo con la teoría triangular del amor de Sternberg.

La pasión correspondería con el enamoramiento, y como este se dispara de forma rápida y también tiende a atenuarse velozmente. En la teoría el compromiso va creciendo de forma lenta a la par que se toman decisiones de compartir en pareja. El concepto de intimidad es más complejo en Sternberg, comprende conductas que aquí se han incluido en otros apartados como el apego, la comunicación o la dominancia.

Los conceptos que emplea esta teoría son complejos y no son independientes unos de otros. La pasión suele generar intimidad, el compromiso ayuda a la hora de crear la intimidad, la pasión y la intimidad pueden generar compromiso, etc. Si bien conceptualmente no existe una relación causal entre ellos si están conectados frecuentemente. Quizás sea esta la causa de que la validación empírica de la teoría, aunque existe, esté teniendo ciertas dificultades (Lemieux y Hale, 2000).

Centro de Psicología María Jesús Suárez Duque

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