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Psicologa Vecindario DISOCIACIÓN: LA PERCEPCIÓN REALISTA


LA PERCEPCIÓN REALISTA

La percepción realista es el acompañante implícito del concepto de la aceptación radical, la aceptación de la realidad tal y como es, sin juzgarla. Se requiere una aceptación radical para poder dar el siguiente paso: proceder a aceptarse, sobre la base de nuestra disposición y nuestra capacidad de asumir la responsabilidad de actuar sobre la base de la realidad tal y como es en el aquí y ahora, y no sobre la base de lo que querríamos que fuese o de lo que fue en el pasado. Ello implica la capacidad de aceptar y de encontrarle un sentido adaptativo a nuestra propia experiencia -pasada y presente- a fin de saber y de reconocer lo que nos sucede a nosotros (externamente) y dentro de nosotros (internamente). Ello significa que sabemos en profundidad - cognitiva, emocional y somáticamente - que el pasado ya pasó, pero también que nos influye y continúa formando parte de nuestra experiencia. Sabemos que el futuro todavía no es una realidad, si bien podemos predecirlo hacia cierto punto. Y sabemos que estamos firmemente arraigados en el presente, donde tenemos la posibilidad y la responsabilidad de elegir y tomar decisiones adaptativas respecto de nuestras acciones.

La percepción realista significa que iniciamos combinaciones complejas y flexibles de acciones que incluyen:

a)    Valorar la seguridad, el peligro y las amenazas para la vida

b)    Pensar, sentir, detectar, discernir, predecir, ser y hacer

Asumimos la responsabilidad de nuestra propia contribución a nuestro sufrimiento o nuestro contento, y al dolor o dicha de los demás. Podemos reflexionar sobre nuestras acciones, y respondemos de ellas. Le encontramos un sentido a nuestra experiencia, y este sentido puede cambiar con el tiempo, a medida que reflexionamos y seguimos teniendo más encuentros con la vida. Aprendemos de las experiencias nuevas en lugar de quedarnos fijados y estancados en unos viejos hábitos de conducta. No obstante, la percepción realista puede ser extremadamente difícil y desafiante, en especial para las personas traumatizadas que permanecen estancadas en el pasado y a las que la perspectiva de tener que hacerle frente a su pasado les aterra y les avergüenza.

Formas de percepción realista en la evolución en dirección hacia la integración: la personificación y la presentificación

La personificación hace referencia al hecho de reconocer nuestra experiencia como algo propio y personal. Los pacientes deberán aceptar o darse cuenta de que sea lo que fuere que pasara en sus vidas, les ha pasado a ellos, para bien o para mal. Se trata de un paso esencial para la integración: ¡Aquello me pasó a mí! ¡Mi tío me hizo daño a mí!

La presentificación hace referencia a incluir la experiencia del ser/estar en el presente con un sentido relativamente integrado tanto del pasado como del futuro, lo que supone algo mucho más complejo que el conocimiento y atención consciente y plena (mindfulness) en el momento presente, influenciados, pero no controlados por el pasado ni por el futuro anticipado. Se trata de conectar el pasado y el futuro con el aquí y ahora, lo que permite dotar al presente de un contexto y un significado. Ayuda a las personas a reorganizar su manera de ser y estar en el mundo, al tiempo que a captar la realidad del presente y actuar adaptativamente en consonancia y en respuesta a ello. Una vez que los pacientes se dan cuenta que un determinado recuerdo les pertenece a ellos (Aquello me pasó a mí) son más capaces de comprender su conducta (Y esa es la razón de que repugne tanto el sexo) y, en un segundo momento, de cambiar su conducta (Pero en el día de hoy puedo disfrutar del sexo, una vez que soy una mujer adulta y que tengo una pareja digna de confianza y que me quiere).

La percepción realista no es sólo la aceptación de las cosas como son. También tiene que ver con la capacidad de alcanzar aquello que hemos estado anhelando y deseado esperanzadamente, y por lo que hemos estado trabajando y luchando (p.ej., finalizar una carrera universitaria tras muchos años de esfuerzo).

La naturaleza imperfecta de percepción en la vida cotidiana

La percepción plena y completa es escurridiza, cuando no imposible.

Todos nos vemos continuamente batallando y trabajando para conseguir aceptar la realidad tanto en lo que se refiere a las cosas más pequeñas como a las más importantes. Estas luchas cotidianas y normales por aceptar la realidad son como hitos que aparecen en el camino de nuestra evolución. Cuánto más difícil, así pues, será caer en la cuenta y reconocer como propias unas experiencias extremadamente traumáticas asociadas a un dolor y una sensación de traición que nos desbordan y que hemos venido evitando durante décadas.

El grado de percepción realista a alcanzar dependerá de la capacidad de integración del individuo. Se dan diferencias individuales debido a una serie de factores innatos, evolutivos y ambientales. La capacidad limitada de aceptar lo que les sucedió y seguir adelante se refleja en su nivel de percepción profunda (insight), su nivel de motivación, sus defensas y sus resistencias. Por tanto, es importante tener en cuenta el grado en el que el paciente individual podrá desarrollar la capacidad de integración.

Cada uno de nosotros nos vemos tocados por la tragedia, la pérdida, la decepción, la traición u otras formas de dolor. Estos son componentes inevitables de la vida. La percepción realista tiene que ver con la aceptación de todas las cosas que aparecen en nuestro camino: las buenas y las malas, tal como las percibimos. En virtud de dicha aceptación encontramos un sentido que nos sostiene y nos ayuda a avanzar. Los pacientes deberán aprender a tolerar y a aceptar determinadas emociones y sus correspondientes sensaciones concomitantes, en lugar de evitarlas: Me siento triste. Está bien que me sienta triste. Tiene un sentido. Deberá tratar de comprender sus pensamientos y deseos en lugar de reaccionar impulsivamente ante los mismos: Tengo ganas de hacerme daño. Voy a tomarme un momento para reflexionar sobre qué es lo que está pasando y que me está alterando tanto. Deberá ser plenamente consciente del aquí y ahora, en lugar de quedarse atrapada en el pasado o preocupada aprensivamente por el futuro: En este momento estoy en mi trabajo. No corro peligro de quedarme sin trabajo, de modo que no tiene sentido ponerme a pensar en encontrar otro trabajo. Deberá aprender a reflexionar acerca de su experiencia: ¿Por qué estas voces dentro de mí parecen alterarme tanto? La paciente ha de cambiar sus creencias nucleares disfuncionales: No soy una mala persona; soy una persona que comete errores pero que alberga buenas intenciones, y que trata de hacer las cosas lo mejor posible la mayor parte del tiempo. Deberá aprender también que puede sentirse agresiva: A veces siento odio y rabia. Eso es una parte normal del ser humano: Siento curiosidad por averiguar por qué siento esas cosas algunas veces. Deberá aprender a aceptar y a interpretar correctamente las señales corporales: Siento ganas de salir corriendo. Ese es un impulso que procede del pasado. Deberá transformar los flashbacks fragmentarios en la trama de una narrativa autobiográfica: Estas imágenes, sensaciones y emociones intrusivas forman parte de los abusos sexuales que sufrí de niña. Deberá aceptar las partes disociativas como propias: ¡Esa niña pequeña soy yo! ¡Esa parte furiosa y agresiva es la que guarda mis sentimientos de rabia!

La capacidad que tenga la paciente de tolerar las emociones deberá conducirle a materializar unas acciones relativas a elegir diferentes opciones en la vida, asumir los riesgos inherentes a entablar nuevas relaciones, y probar a hacer cosas diferentes que anteriormente había evitado a causa del miedo. La propia competencia descubierta y la confianza en sí misma deberá traducirse en unas acciones conductuales concretas (buscar trabajo, volver a estudiar...) Ello también contribuirá a introducir algunos cambios en su cuerpo: la postura se enderezará, los hombros se echarán hacia atrás, la cabeza se levantará; establecerá un mejor contacto ocular, mirará a los ojos de manera más adaptativa. Estos diversos cambios fisiológicos, a su vez, favorecerán una sensación duradera de competencia y bienestar.


Van Der Hart, O., Steele, K., & Boon, S. (2018). El tratamiento de la disociación relacionada con el trauma. Bilbao: Desclée De Brouwer, S.A.


Centro de Psicología María Jesús Suárez Duque

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