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Psicóloga Vecindario PSICÓLOGA INFANTIL Posibles heridas infantiles cuando los padres se separan

 

Psicóloga en Vecindario y online María Jesús Suárez Duque
Psicóloga infantil, adolescentes, adultos y mayores

POSIBLES HERIDAS INFANTILES CUANDO LOS PADRES SE SEPARAN: RECHAZO Y ABANDONO

La separación de los padres, durante la infancia de los hijos, suele ser un suceso importante, que funciona como un factor que puede ser negativo o positivo para el

desarrollo afectivo y/o psicológico de los hijos. Sin embargo, la separación y el divorcio es concebido generalmente como un factor desorganizador, que genera temor y angustia en la estructura familiar. Es decir, no es un suceso sencillo de asimilar y manejar tanto para los padres como para los hijos.

     La protección, seguridad y afecto proporcionado por los padres es fundamental para el desarrollo integral del menor. Es fundamental que los niños tras la separación o divorcio mantengan relación con ambos progenitores. No obstante, existen muchos casos en que los niños no pueden contar tras la separación o divorcio con la disponibilidad de ambos padres. 

     Es primordial que a los niños se les explique con lenguaje claro, sencillo y adaptado a su edad que la separación de los padres no significa que estos no continúen amando, protegiendo y estando disponibles en todo momento. Es decir, los niños tienen que diferenciar que se trata de una separación de los padres no los hijos. 

     Cuando alguno de los progenitores no acepta la separación y se siente abandonada, dejada o sustituida por otra persona, los sentimientos negativos pueden llevarle a practicar la violencia vicaria sin ser plenamente consciente de las repercusiones a nivel del desarrollo emocional, cognitivo y social que conlleva para el menor. Esto último, se agrava aún más si atendemos al estado anímico en que se encuentra el progenitor abandonado (depresión, ansiedad…)

     Para los menores la separación de los padres significa la pérdida parcial de una relación con uno de los progenitores; genera en el menor muchas preguntas a las cuales los padres no sabe en muchos casos cómo contestar y por consiguiente, las emociones y pensamientos que experimenta el menor no son del todo claras. En la mayoría de los casos estas preguntas son ignoradas o contestadas con mentiras. Los niños son muy hábiles para reconocer cuando sus padres les mienten y también cuando aluden temas que no desean o que no se deben hablar.

El rechazo

Cuando el niño sigue con esa duda, de porque su padre (generalmente es el padre, pero no exclusivamente él, quien se separa de la familia), no está más con ellos, esta duda lo angustia, y para detener este sentimiento empieza a crear hipótesis o fantasías

acerca de la ausencia de su padre.  La más habitual de ellas, es la hipótesis del rechazo, sin una explicación o al menos convincente por parte de los progenitores, el niño interpreta la información de su situación familiar y la relaciona con el mismo. La hipótesis queda formulada más o menos de esta forma:

“no soy lo suficientemente bueno para mi padre/madre por eso me ha rechazado”.

El rechazo genera una herida emocional, y como está herida es provocada por alguien de suma importancia en la vida del infante, lo desestabiliza, le proyecta un mundo inseguro en donde hasta las personas más amadas le pueden lastimar, por tanto, es necesario formarse barreras que lo puedan defender de los demás.

Una de estas defensas es el desapego hacia la figura que lo rechazo, este desapego crea una especie de programación que se activa cada vez que tiene que relacionarse con personas similares al padre o la madre ausente. 

El desapego puede desencadenar dificultades para su identificación sexual y para establecer vínculos emocionales con personas de su mismo sexo.

Tal como lo menciona Bourbeau (2011) “la herida de rechazo radica en el progenitor del mismo sexo. (...) es normal y humano no aceptarlo y tenerle resentimiento hasta el punto de odiarlo. (...) al no aceptar al progenitor que ha contribuido a causar tu herida, también es habitual tomar la decisión de no utilizarlo como modelo. (p. 36).”

Las figuras parentales del mismo sexo cumplen con funciones específicas como

 enseñarnos a amar y amarnos, por este motivo el desapego a ellas, es desencadenante de conductas desadaptativas, como la evitación social, desconfianza en los demás, sentimientos de inferioridad, sentimientos de culpa y de rechazo a sí mismo.

 

La máscara de la huida

Para aclarar el concepto de mascara, desde la psicología analítica, es aquella parte de nuestra personalidad que exponemos ante los demás y ante ciertas situaciones, su principal función es la de adaptarnos a la vida social, sin embargo, cuando ocurre una identificación con la máscara, ésta se presenta como si fuese nuestro verdadero yo, cuando en realidad, ésta es solo una parte de nosotros. 

La máscara es la posición que asumimos frente al otro. En este sentido serian como los roles, (ser hombre, ser madre, ser maestro, entre otros). Y como bien sabemos, estos roles traen consigo ciertas características que se esperan para cada uno de ellos. 

Ante la sociedad “los hombres no deben llorar”, “las madres son buenas”, por ejemplo, aunque, evidentemente no todas las madres son buenas y los hombres deben y pueden llorar.

La persona es configurada por tres circunstancias (Heras, 2008):

a) Lo innato.

b) Aquello que los demás esperan de uno y que el individuo conoce que

se espera de él a causa de su vida en sociedad.

c) Lo que el individuo desea ser, por un lado. Y lo que quiere mostrar a

los otros que es. No sólo la situación presente, sino también a través

de su proyecto de vida. 

 

La máscara huidiza, es entonces la posición que asumen las personas con la herida del rechazo, para huir del mundo social, para no involucrarse con los demás, evitando así volverse a sentir rechazados. Sin embargo, cuando asumen esta posición, huyen hacia su mundo interior, aislándose, rechazando a los demás y rechazándose a sí mismosSu máscara es al fin y al cabo la armadura con la que intentan proteger su herida, pero también en la que se encierran.

 

El abandono

Ante la ausencia de respuestas otra forma de el niño detener la angustia, es el abandono. Sin embargo, aquí tiene gran influencia lo que el padre/madre que se quede a cargo del niño diga sobre su expareja, los ataques negativos hacia la expareja, alimentan la hipótesis del abandono.

El sentirse abandonados por el padre o la madre, genera una herida emocional diferente a la creada por el rechazo, en este caso el mundo es percibido igualmente inseguro pero en el sentido de que las cosas en las que confías pueden desaparecer de un día a otro, en pocas palabras las personas te pueden abandonar, en cualquier momento.

El niño puede sentirse abandonado por ambos padres. Uno se ha ido de casa, mientras que el otro, ante la nueva situación, dirige su atención a varios asuntos. De ahí que los niños de padres separados no suelen sentir seguridad. Siempre existe la posibilidad de que aunque usualmente no se hable de ella, de que “si papá puede ser expulsado, también puedo serlo yo”, y “si papá me puede abandonar, también mi mamá puede hacerlo” (Mendell, 1988) 

Es muy probable que él que sufre la herida de rechazo también llegue a sentirse abandonado, por ejemplo, rechazado por el padre que se separa de la estructura familiar y abandonado por la madre, quien ahora se encuentra más ocupada por el trabajo, las actividades del hogar y/o los hermanos menores o que necesitan más atención de su parte.

La herida del abandono se sitúa en la dimensión del hacer y del tener con respecto al progenitor que queda a cargo (generalmente la madre).

 

Según Bourbeau (2011) ha podido observar muchos de los niños que sufren la herida del abandono experimentaron una profunda falta de comunicación con el progenitor del sexo opuesto. Para ellos, este progenitor era demasiado reservado, y aun cuando deseaban que se hiciera cargo de ellos, estaban convencidos de que no le interesaban. En la mayoría de las ocasiones la herida de abandono se vive con el progenitor del sexo opuesto y la persona que sufre de abandono también suele sufrir rechazo. Cuando es joven se siente rechazado por su progenitor del mismo sexo y abandonado por el del sexo opuesto, de quien cree que debía haberse ocupado de él, y sobre todo, que debió haber velado para que fuese menos rechazado por el otro progenitor. 

Para hacer frente a este tipo de sentimientos, los niños adquieren conductas que puedan asegurarles el no ser abandonados por los demás, entre ellas están, la simpatía forzada, el infantilismo, miedo a la soledad y la dependencia hacia los demás, lo que los lleva también a sentirse no amados, ni por ellos mismos ni por los demás. La hipótesis del abandono o la herida del abandono se generan principalmente cuando los padres que quedan separados de la familia son del sexo opuesto al del hijo.

 

La máscara de la dependencia

La máscara que se desarrolla como defensa al abandono es la de la dependencia. Estas personas suelen exigir a los demás: demasiada atención, cuidados, afecto… En si demandan las necesidades que no pudieron obtener en su infancia o al menos no en su totalidad o que no fueron satisfechas por el progenitor del mismo sexo. Se aferran a los demás para evitar volver a sentirse abandonadas. Sin embargo, esta tendencia a aferrarse a los demás, las vuelve en algunos casos intolerables para la otra persona, en el sentido de que les exigen demasiado, tiempo, afecto, protección, dinero, esta exigencia puede convertirse en un ataque de celos. Esta tendencia a evitar ser abandonados es impulsada por el miedo que tienen a la soledad.

Según Bourbeau (2011) suelen asumirse como víctimas (persona que crea todo tipo de problemas en su vida, pero especialmente problemas de salud para llamar la atención. El dependiente cree que nunca recibe suficiente atención. Suele dramatizar mucho.


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María Jesús Suárez Duque


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