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Psicóloga Vecindario PSICOTERAPIA SENSORIOMOTRIZ Y TRAUMA



 Psicoterapia sensoriomotriz y trauma (Ogden, Minton & Pain, 2009)

La mayoría de los traumas tienen lugar dentro del contexto de las relaciones interpersonales donde el trauma incluye:

·      violaciones de los límites interpersonales

·      pérdida de la acción autónoma 

·      pérdida de la propia capacidad de regulación. 

Cuando las personas carecen de fuentes de apoyo y de sustento, como suele ser habitual en el caso de los niños maltratados, las mujeres atrapadas en el círculo de la violencia doméstica y los hombres encarcelados los reclusos, es probable que aprendan a responder a los abusos y las amenazas con una conformidad mecánica o una sumisión resignada. Particularmente, si la degradación ha sido reiterada e implacable, las personas afectadas se muestran vulnerables a la desregulación fisiológica constante (desarrollo de estados de hipoactivación o hiperactivación fisiológica extrema), acompañada de paralización física. Con frecuencia, estas respuestas se convierten en algo habitual. En consecuencia, muchas de las víctimas de experiencias traumáticas manifiestan problemas clínicos a la hora de iniciar acciones eficaces independientes, incluso en situaciones en las que racionalmente cabría esperar que fueran capaces de defenderse por sí solos y de “encargarse de las cosas”. 

Muchas personas traumatizadas aprenden a disociar y comparti- mentalizar: pueden ser muy competentes y mostrarse muy centrados la mayor parte del tiempo, pero de repente pueden caer en unos estados primitivos e inflexibles de desvalimiento e inmovilización paralización cuando se ven enfrentados a situaciones o sensaciones que les recuerdan el pasado traumático. Algunos de ellos pueden permanecer conscientes de lo que están sintiendo, de lo que está pasando a su alrededor, de las posibles vías de escape, y de los impulsos físicos de protegerse, en tanto que otros se abstraen se descentran y pierden el contacto tanto con las sensaciones internas como con lo que está pasando a su alrededor. La psicoterapia sensoriomotriz aborda específicamente los síntomas disociativos que incluyen:

·      las sensaciones corporales

·      los trastornos del movimiento

·      la desregulación de la activación fisiológica

·      la falta de sensaciones corporales

·      la reviviscencia del trauma bajo la forma de fragmentos somatosensoriales. 

La psicoterapia sensoriomotriz aborda directamente el hecho de que el pasado traumático continúa influyendo en la forma como las personas se perciben a sí mismas y a su entorno, y en la posición que adoptan en relación con el mundo que les rodea.

El papel del terapeuta consiste en facilitar el autoconocimiento y la autorregulación, en lugar de limitarse a presenciar e interpretar el trauma. La terapia incluye trabajar las sensaciones y las tendencias de acción con objeto de descubrir otras formas de orientarse y de moverse por el mundo. 

El trabajo con personas traumatizadas entraña la superación de diversos obstáculos de primera magnitud. Uno de ellos es que, si bien el contacto y la receptividad humana son elementos esenciales de la regulación fisiológica, los traumas en el ámbito de las relaciones humanas suelen derivar en el miedo a la intimidad. En el caso de muchas personas, la anticipación de la cercanía y la compenetración suscitan de forma automática recuerdos implícitos relacionados con el daño, la traición y el abandono. En consecuencia, el hecho de sentirse visto observado, reconocido, objeto de atención y comprendido lo cual ayuda a la mayoría de las personas a sentirse más calmadas y más controladas puede precipitar una reviviscencia del trauma en el caso de las personas que han resultado gravemente dañadas en el ámbito de las relaciones íntimas. Por tanto, antes de que pueda esta- blecerse ninguna confianza, es importante ayudar a los pacientes a generar una sensación física de control en base a trabajar el establecimiento de los límites físicos, indagar posibles formas de regular la activación fisiológica (utilizando la respiración y el movimiento cor- poral), y concentrándose en recuperar la sensación física de ser capaz de defenderse y de protegerse uno mismo. Puede ser útil analizar las experiencias anteriores de seguridad y de competencia destreza, y activar recuerdos relativos a las sensaciones de placer, disfrute, agudeza, fuerza y capacidad. Trabajar la traumatización implica que la persona recuerde cómo sobrevivió, además de ocuparse también de cuáles fueron los daños. 

Neurológicamente, la única parte del cerebro consciente que es capaz de influir en los estados emocionales (localizados en el sistema límbico) es el córtex prefrontal medial, la parte del cerebro que interviene en la introspección (prestar atención al estado interior del organismo). Diversos estudios con neuroimágenes revisados han puesto de manifiesto una disminución de la activación del córtex prefrontal medial en las personas con TEPT(Lanius, 2002; Clark y McFarlane, 2000). Esto significa que las personas traumatizadas, por regla general, tienen serios problemas a la hora de prestar atención a sus sensaciones y percepciones internas. Cuando se les pide que se concentren en las sensaciones internas, tienden a sentirse desbordados o bien niegan tener ninguna. Cuando finalmente prestan atención a su mundo inter- no, habitualmente suelen encontrarse un campo minado de percep- ciones, sensaciones y emociones relacionadas con el trauma (Van der Kolk y Ducey, 1989). Con frecuencia, suelen sentir asco de sí mismos y habitualmente tienen una imagen corporal sumamente negativa; por lo que a ellos respecta, cuanta menos atención presten a sus cuerpos, mejor. Pero no podemos aprender a cuidar de nosotros mismos si no estamos en contacto con las exigencias y los requerimientos de nuestro yo físico de nuestra identidad física, corporal, de lo que somos a nivel físico. 

Por ello, la terapia consiste en aprender a convertirse en un observador atento del flujo y reflujo de la experiencia interna, advirtiendo con plena conciencia todos los pensamientos, sentimientos, sensaciones corporales e impulsos que salen a la superficie. Las personas traumatizadas, en primer lugar y ante todo, tienen que aprender que no es peligroso tener emociones y sensaciones. En este proceso es crucial que los pacientes tomen conciencia de que la experiencia corporal jamás permanece estática. A diferencia del momento de la traumatización, en la que todo parece congelarse en el tiempo, las sensaciones físicas y las emociones están fluyendo constantemente. 

A fin de poder abordar el pasado, las personas traumatizadas tie- nen que activar su córtex prefrontal medial, su capacidad de intros- pección. La terapia necesita ayudarles a desarrollar una profunda curiosidad respecto de sus experiencias internas. Esta curiosidad es esencial para aprender a identificar sus sensaciones físicas y traducir sus emociones y sus sensaciones en un lenguaje comunicable, sobre todo, para ellos mismos. Una vez que las personas se dan cuenta de que sus sensaciones internas se modifican y cambian continuamente, de que tienen un control considerable sobre sus estados fisiológicos, y de que el hecho de recordar el pasado no se traduce inevitablemente en unas emociones desbordantes, pueden comenzar a explorar posibles formas de influir activamente en la organización de su paisaje interior. A medida que los pacientes aprenden a tolerar el hecho de ser conscientes de sus vivencias físicas, descubren impulsos y opciones físicas que habían abandonado en beneficio de la supervi- vencia durante la traumatización. Estos impulsos y opciones se mani- fiestan bajo la forma de sutiles movimientos corporales tales como retorcerse, girarse o echarse para atrás. La amplificación de estos impulsos físicos y el probar posibles formas de modificarlos, finalmente lleva a su completud a las tendencias de acción inacabadas relacionadas con el trauma. 

Las personas traumatizadas suelen perder el uso eficaz de las defensas de ataque o fuga y responden a la percepción de la amenaza con la inmovilización. La psicoterapia sensoriomotriz les ayuda a reorientarse en el presente aprendiendo a prestar atención a los estímulos no traumáticos. Este desplazamiento del centro de atención les abre a la posibilidad de aprender de nuevas experiencias, en lugar de revivir el pasado una y otra vez sin modificación alguna en virtud de la información ulterior. Una vez que aprenden a reorientarse en el presente, las personas pueden experimentar con la posibilidad de responder a la percepción de las amenazas redescubriendo su capacidad perdida de defenderse y protegerse activamente. 

La psicoterapia sensoriomotriz se basa en la premisa de que, para superar la tendencia a quedarse atrapado en el pasado, la persona traumatizada tiene que: 

1) Tomar conciencia de las antiguas tendencias de acción desadaptativas automáticas

2) Aprender a inhibir los impulsos iniciales

3) Experimentar con diversas alternativas para llevar a su conclusión a las acciones incompletas, congeladas, que demos- traron ser inútiles en el momento de la traumatización

4) Practicar formas de materializar acciones alternativas eficaces. 

 

PSICÓLOGA EN VECINDARIO María Jesús Suárez Duque PEDIR CITA 630723090

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Precio 60 euros

Duración 1 hora

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