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Psicóloga Vecindario TERAPIA DE FAMILIA Incompetencia familiar y dificultad infantojuvenil



 INCOMPETENCIA FAMILIAR Y DIFICULTAD SOCIAL INFANTOJUVENIL

Las familias no competentes, frente a las familias competentes, se caracterizan por ser agrupaciones familiares multiproblemáticas. En este tipo de familias siempre están presentes 3 elementos de desequilibrio, que son:

·      La deficiente o inexistente organización interna

·      La falta de afecto entre los progenitores

·      La indebida, ineficaz o inexistente función socializadora inherente a toda agrupación familiar

Estos detonantes de dificultad social, siendo necesarios no son suficientes, por sí solos, para calificar a una familia de competente o no competente. Las familias competentes, además de presentar los 3 signos distintivos anteriores, suelen contar con el aditamento de otros aspectos que guardan relación con:

·      La comunicación establecida entre los miembros de la familia

·      La estructura de poder que se instaura en los domicilios de estas familias

·      La maltrecha vivencia de la afectividad familiar

·      La inadecuada atención prestada a los descendientes menores

·      La escasa capacidad resolutiva de los miembros de estas familias

La no funcionalidad de la familia es, sin lugar a duda, origen, fermento y nutriente de muchos casos de dificultad, riesgo y exclusión social infantojuvenil. 

Organización en las familias no competentes

La familia como subestructura organizativa de una estructura mayor llamada sociedad, tiene encomendada una labor social. Par a poder ejercitar esa labor social, la familia precisa organizarse de manera eficaz. Mondragón y Trigueros (2004:55) señalan como rasgos característicos de las familias disfuncionales, por un lado, una inexistente o deficiente organización y, por otro lado, el modo de vida que se dan en estos hogares. Señalan que en los domicilios de las familias disfuncionales existe:

·      Ausencia de roles definidos

·      Desorganización

·      Ausencia de normas y valores

·      Rigidez o dejadez

·      Individualismo

·      Dependencia de la familia extensa

A su vez, en estas familias se vive en una ambivalencia de criterios. Es decir, la falta de organización familiar coloca al menor en una situación de dificultad social al impedirle tener, por ejemplo, una imagen clara y unívoca del mundo y un objetivo definido en la vida.

Comunicación en las familias no competentes

Comunicar consiste en transmitir un mensaje desde un emisor a un receptor a través de un código compartido que asegura la comprensión del contenido del mensaje. La comunicación exige una emisión correcta de un mensaje y una percepción o escucha eficaz que permita descifrar el contenido de la relación comunicativa. Sin una emisión del mensaje adecuada o una recepción correcta de la información, la comunicación no se produce.

En las familias disfuncionales las comunicaciones que se establecen, si no son fallidas, sí son deficitarias. Mondragón y Trigueros (2004:55) describen la comunicación en las familias disfuncionales como una transmisión de información donde:

·      Prima la escasez de lenguaje oral con un lenguaje reducido. El lenguaje es más gestual.

·      Se produce una comunicación objetiva

·      Se utiliza un lenguaje autoritario, usando como tiempo de conjugación verbal el tiempo imperativo.

·      Se utiliza el lenguaje vulgar y la jerga para transmitir los contenidos.

·      Se lanzan mensajes con doble sentido

Una comunicación pobre en recursos no puede transmitir riqueza de contenidos, sentimientos ni emociones. Es una comunicación lineal, informativa; ni descriptiva ni explicativa.

La comunicación entre los miembros de las familias disfuncionales es confusa con mensajes contradictorios. Su estilo comunicativo se caracteriza por (Besada y Puñal, 2012:182):

·      La censura y en contraposición la sumisión

·      La intelectualización, que se corresponde con aquella actitud de la figura familiar que se comporta e interactúa como si no tuviera emociones.

·      La indiferencia, representada en personas que no participan de la vida familiar y no son capaces de dar apoyo ni afecto a sus miembros. Este es uno de los estilos comunicativos más dañinos.

 En definitiva, los efectos de estas comunicaciones conllevan prácticamente la inexistencia de una “vida hogareña” y en cierto modo propician el aislamiento social.

Estructura de poder en las familias no competentes

Tradicionalmente la familia funcional estructuraba su poder sobre la figura paterna (patriarcado) o materna (matriarcado) dependiendo de las épocas y las culturas. Actualmente las familias funcionales suelen estructurar su poder sobre ambos progenitores de mane, ara colegiada. En cambio, las familias disfuncionales presentan una estructura de poder caracterizada por (Mondragón y Trigueros, 2004:55):

·      Una jerarquía rígida

·      Ausencia

·      Machismo

·      Uso de fuerza

·      Poder vertical

·      Coaliciones

·      Competencia

 Estructura de poder en las familias no competentes (Besada y Puñal, 2012:186):

el poder es rígido e inflexible, pero a veces los padres luchan por el poder porque las posiciones jerárquicas no son claras, y en este proceso involucran a uno o varios de sus hijos, uniéndose a ellos y formando de esta manera alianzas o coaliciones para adquirir más poder y en consecuencia se produce de manera automática e inconscientemente su separación del resto de los miembros familiares.

En las familias disfuncionales suelen crearse bandos de aliados. Estos bandos suelen estar orquestados por uno de los progenitores y contar con el respaldo de todos o alguno de sus hijos. Su objetivo es enfrentarse, desde la posición dominante, al otro miembro de la pareja que permanece aislado o con el respaldo de otros de los hijos. Generalmente el bando que se ha originado, en primer lugar, es más poderoso y domina, somete o, incluso, humilla al otro.

Vivencia de la afectividad en las familias no competentes

En las familias disfuncionales:

·      Los progenitores no se aman, se utilizan.

·      Cada uno de ellos se sirve de los aspectos que el otro le puede ofrecer. El amor no existe. La pasión tampoco.

·      El esfuerzo de cada uno de los componentes por mantener una relación afectiva gratificante ha desaparecido.   

·      Las relaciones sexuales de los progenitores, si siguen existiendo, se limitan a la pura genitalidad con la búsqueda exclusiva de un orgasmo por parte de cada miembro en la relación. El otro miembro de la pareja exclusivamente tiene sentido en cuanto facilita la consecución de placer físico y cubre las necesidades sexuales, económicas o sociales de la contraparte. Al otro miembro de la relación se le convierte en un objeto. Se le cosifica.

·      La convivencia se convierte en una relación pragmática de utilidad y comodidad.

   En esta línea, Besada y Puñal (2012:186) añaden:

·      La desarmonía conyugal es una constante en estas parejas, los cónyuges se utilizan mutuamente, pero son incapaces de darse afecto y reconocimiento, sus intercambios (utilización recíproca) no son equilibrados ni igualitarios porque no se complementan. La pareja comparte pocas emociones, y los desencuentros emocionales se caracterizan por la explosión simultánea de sentimientos de signo distinto, por lo que evolucionan fácilmente hacia la confrontación y el conflicto.

Los hijos no se sienten queridos, seguros ni valorados por sus padres. Esta circunstancia puede alterar su inserción y adaptación social ya que les falta la protección respecto a su entorno. Estos niños no tienen referentes afectivos. Las relaciones afectivas en la familia son, mayoritariamente y principalmente, de tipo vertical, es decir, de autoridad paternofilial. En una segunda instancia las relaciones son horizontales -entre hermanos y primos-. Ante la carencia afectiva vertical el menor busca resolver ese déficit en las relaciones afectivas horizontales no sometidas a control del adulto (Quicios y Velloso, 2012:32).

Los menores se refugian entre sus iguales puesto que la actitud desplegada por sus progenitores no es ni estable ni segura. En estas familias se da simultáneamente (Mondragón y Trigueros, 2004:55)

·      Sobreprotección

·      Abandono

·      Desconfianza

·      Matrimonio precoz

·      Malos tratos

·      Afecto desproporcionado a los mayores

·      Ambivalencia de sentimientos

·      No expresión de sentimientos

·      Inmadurez emocional

Todas estas carencias afectan tanto a los adultos que constituyen las agrupaciones familiares como a los menores que tienen que vivir en esos ámbitos domésticos. Según Mondragón y Trigueros (2002:55), son características de las funciones parentales en las familias disfuncionales:

·      La rigidez, dejadez o ausencia de pautas educativas

·      La asunción de roles adultos por parte de los menores

·      La indiferencia paternal ante las conductas desviadas

·      El incumplimiento paternal de las funciones afectivas y socializadoras.

Y como características distintivas de las relaciones establecidas en las familias disfuncionales, concluyen:

·      Relaciones de dependencia

·      Convivencia conyugal inestable

·      Relaciones de conveniencia

·      No diferenciación generacional

·      Conflictividad conyugal

·      Unión de cara al exterior

·      Relaciones sexuales indiscriminadas

Por tanto, de los datos expuestos se constata que las familias disfuncionales son incapaces de dar respuesta efectiva a su vivencia multiproblemática. Todos los componentes de este tipo de familia son conscientes de que la familia tiene problemas, pero los responsables de afrontar la problemática, es decir, los adultos, se inhiben. Se defienden afirmando que los problemas son algo consustancial a todas las relaciones familiares. No suelen admitir su no funcionalidad, es más, durante largo tiempo tratan de ocultarlo o enmascararlo. Para conseguir este objetivo, los responsables de su inoperancia despliegan una serie de mecanismos de defensa similares a los siguientes:

·      Regresión 

·      Negación

·      Evasión

·      Fantasía

·      Resignación

·      Soluciones a corto plazo

·      No previsión de futuro

·      Fatalismo

Los mecanismos de defensa no siempre sirven para ocultar los indicios de existencia de dificultad social para los menores educados en estos entornos familiares.  La salvación de estos menores está en encontrar algún ciudadano que dé cumplimiento al Artículo 13 de la Ley Orgánica 1/1996, de 15 de enero, de Protección Jurídica del Menor, por la que 

toda persona, autoridad y especialmente aquellos que por su profesión o función detecten una situación de riesgo o posible desamparo de un menor tienen la obligación de comunicarlo a la autoridad o agentes más próximos sin perjuicio de prestarle el auxilio inmediato que precise.

Psicóloga en Vecindario

MARÍA JESÚS SUÁREZ DUQUE

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