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Psicóloga Vecindario DEPENDENCIA EMOCIONAL El desapego no es indiferencia

 

El desapego no es indiferencia

Amor y apego no siempre deben ir de la mano. Los hemos entremezclado hasta tal punto, que ya confundimos el uno con el otro.

Equivocadamente, entendemos el desapego como dureza de corazón, indiferencia o insensibilidad, y eso no es así.

 El desapego no es desamor, sino una manera sana de relacionarse, cuyas premisas son: independencia, no posesividad no adicción. La persona no apegada (emancipada) es capaz de controlar sus temores al abandono, no considera que deba destruir la propia identidad en nombre del amor, pero tampoco promociona el egoísmo y la deshonestidad. Desapegarse no es salir corriendo a buscar un sustituto afectivo, volverse un ser carente de toda ética o instigar la promiscuidad. La palabra libertad nos asusta y por eso la censuramos.

Declararse afectivamente libre es promover afecto sin opresión, es distanciarse en lo perjudicial y hacer contacto en la ternura. El individuo que decide romper con la adicción a su pareja entiende que desligarse psicológicamente no es fomentar la frialdad afectiva, porque la relación interpersonal nos hace humanos (los sujetos «apegados al desapego» no son libres, sino esquizoides). No podemos vivir sin afecto, nadie puede hacerlo, pero sí podemos amar sin esclavizarnos. Una cosa es defender el lazo afectivo y otra muy distinta ahorcarse con él. El desapego no es más que una elección que dice a gritos: el amor es ausencia de miedo.

Al tomar la decisión de romper la relación con la persona que se ama, hay que tener presente que la pareja ya no estará en tu vida, pero eso no le impide seguir adelante: disfrutar de una mañana de sol, de su plato favorito, de sus amigos. Su vocación y objetivos aún están ahí para lograrlos como estudiar, cambiar de trabajo, realizar un viaje...Notarás que algo te falta, sentirás intranquilidad y extrañarás mucho a tu pareja, pero debes continuar haciéndote cargo de ti mismo, pese a su ausencia. Puedes amarla, pero eso no significa que seas incapaz de sobrevivir sin ella. 

Debemos amar en libertad, sin actitudes posesivas y dominantes y sin miedo a ser lo que somos. De no se así, lo apropiado es despedirnos y continuar nuestro camino sin miedo y sin sentirnos incapaces.

 

¿Por qué nos ofendemos si el otro no se angustia con nuestra ausencia?

¿Por qué nos desconcierta tanto que nuestra pareja no sienta celos?

¿Realmente estamos preparados para una relación no dependiente?

¿Alguna vez lo has intentado? 

¿Estás dispuesto a correr el riesgo de no dominar, no poseer y aprender a perder?

 ¿Alguna vez te has propuesto seriamente enfrentar tus miedos y emprender la aventura de amar sin apegos, no como algo teórico sino de hecho? 

Si es así, habrás descubierto que no existe ninguna contradicción evidente entre ser dueño o dueña de tu propia vida y amar a la persona que está a tu lado, ¿verdad? No hay incompatibilidad entre amar y amarse a uno mismo. Por el contrario, cuando ambas formas de afecto se disocian y desequilibran, aparece la enfermedad mental. Si la unión afectiva es saludable, la conciencia personal se expande y se multiplica en el acto de amar. Es decir, se trasciende sin desaparecer. 


Psicóloga en Vecindario

MARÍA JESÚS SUÁREZ DUQUE

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PSICÓLOGA INFANTIL, ADOLESCENTES, ADULTOS Y MAYORES

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Psicóloga María Jesús Suárez Duque

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