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Psicóloga Vecindario TRASTORNOS ADICTIVOS Violencia intrafamiliar y consumo de drogas

 

 Violencia intrafamiliar y consumo de drogas

     El análisis explicativo del fenómeno de la violencia intrafamiliar se ha propuesto desde diferentes perspectivas ya sea psicológica, psicosocial, sociológica, feminista…. 

     Hay que evitar presuponer que exista un vínculo causal entre desórdenes mentales y violencia de género, asumiendo que la causa del maltrato es un tipo de trastorno de la personalidad o enfermedad mental del maltratador (véase Dutton,1998; Gondolf, 1999) o centrarse en exclusividad en el vínculo entre el consumo patológico de alcohol y la violencia de género (véase Campos Moreira et al., 2011), así como en propuestas desde las que se supone el recurso a la violencia influido por déficits en habilidades psicosociales (comunicación, empatía, asertividad, autocontrol, etc.) (Rosenbaum & O’Leary, 1981), ya que tales relaciones son complejas y suelen estar mediadas por otras variables tanto de tipo estructural como sociocultural

     De este modo, desde una perspectiva psicosociológica también se contempla la implicación de factores de carácter estructural, no solo asociados a los recursos familiares, sino también al estrés como factor de riesgo y precipitante de tales episodios (Farrington, 1986). 

    A su vez, la incidencia de la violencia en la comunidad no puede soslayarse pues normaliza el uso de la violencia como medio para solucionar conflictos, favoreciendo así su legitimación (Raghavan, Rajah, Gentile, Collado & Kavanet, 2009). 

     Asimismo, la adopción de una perspectiva de género es sumamente necesaria, tal y como se propone desde la Feminist Theory o Feminist Perspective ya que se parte de la premisa de que la causa de la violencia se encuentra en el sistema social patriarcal, centrándose tanto en el dominio masculino, el poder y el género para entender y explicar la violencia contra las mujeres (Jasinski, 2001; Burguess-Proctor, 2006) y desde una perspectiva complementaria se incide en la idea de desigualdad de género y en la implicación de factores que incrementan situaciones de vulnerabilidad ante la violencia (Humphreys & Nixon, 2010; Orloff, Story, & Angel, 2009; Taft, Bryant-Davis, Woodward, Tillman, & Torres, 2009). 

     Desde la teorías integradoras se asumen como factores de riesgo tanto los de carácter individual, como psicosocial, así como los de carácter socio-estructural y adoptando para su análisis una perspectiva de género (véase Anderson, 1997; Burguess-Proctor, 2006; Gelles, 1983; Jasinski, 2001; Witt, 1987). 

Propuestas explicativas de la perpetuación de la violencia en las relaciones de pareja: ¿por qué las mujeres aguantan malos tratos?

     En las propuestas explicativas de la perpetuación de la violencia en las relaciones de pareja –y, más específicamente, en los intentos de explicar por qué́ las mujeres aguantan malos tratos- uno de los enfoques más conocidos es el relativo al ciclo de violencia de Walker (1979), pues en su intento de evaluar la dinámica y las consecuencias del maltrato incide en su carácter cíclico (fase de acumulación de tensión, fase de descarga de agresividad y fase de arrepentimiento). 

     En este sentido, el ciclo de la violencia es tan difícil de romper que puede que se convierta en uno de los principales responsables de la perdurabilidad de este tipo de relaciones, de acuerdo con Castañón (2012). Así, en el intento de explicar la permanencia de la víctima en convivencia con el maltratador se alude a la implicación de diversos factores asociados, tales como los propuestos desde enfoques centrados en el proceso de toma de decisiones (Echeburúa, Amor y Corral, 2002), otros desde los que se alude a características contextuales que influyen no solo en la permanencia de una mujer maltratada dentro de la relación de maltrato, sino también en el regreso a la convivencia con el agresor después de una ruptura (Anderson, 2003) o bien de carácter más psicosocial, interesadas por aspectos más socioafectivos con propuestas referidas a la dependencia emocional y/o a déficits en habilidades relacionales, conflictos identitarios, mecanismos de autoengaño, creencias culturales, acomodación y/o ausencia de redes de apoyo social (Moral, 2005; Moral et al., 2013)

Jiménez et al. ( 2016) asumen que para interpretar la evidencia relativa al porqué del mantenimiento de una relación conflictiva que se cronifica es preciso abundar en otras interpretaciones holísticas e integradoras más allá de esgrimir una actitud de pasividad e incluso de autoculpabilización. Afortunadamente, en las dos últimas décadas ha habido un rechazo a teorías sobre una suerte de masoquismo femenino (Lorente y Lorente, 1999; Bosch y Ferrer, 2002; Melgar, 2009), si bien hay que seguir modificando ciertas ideas inculpatorias arraigadas en el imaginario colectivo que actúan como legitimadoras de semejantes relaciones de abuso de poder y/o que abundan en la actitud pasiva de las mujeres ante los malos tratos (véase Seligman, 1981). 

     Son múltiples y sumamente penetrantes e invasivas las barreras estructurales (ausencia de redes familiares y sociales, inestabilidad e insuficiencia de ingresos, lazos filiales y/o creencia común de la necesidad del padre de sus hijos, dificultad de acceso a recursos institucionales, etc.). En este sentido, la normalización de la violencia sigue representando una barrera sociocultural de suma trascendencia de modo que los comportamientos no igualitarios que derivan en violencia de género han sido tradicionalmente aceptados en los procesos de socialización familiar y enculturación mediante el mantenimiento de una estructura social jerárquica no igualitaria (véase Melgar, 2009). 

     Aceptar la violencia como medio de resolución de conflictos aumentaría las posibilidades de aceptar también la violencia contra la mujer en la pareja y el riesgo de que ésta tuviera lugar (Raghavan et al., 2009). Específicamente, Jiménez et al. (2016) valoran como factores implicados en el mantenimiento de relaciones de pareja violentas la dependencia sentimental respecto a sus parejas (Moral, 2005; Moral et al. 2013), así como el autoengaño vinculado a la creencia de estar enamorada del maltratador (Sanchis, 2006; Melgar, 2009). Tales vinculaciones conflictuadas asociadas a distorsiones sociocognitivas son fundamentales desde una dimensión psicoafectiva, si bien la carencia de redes de apoyo familiares y sociales (Aparici y Estrellas, 2010; Bosch, Ferrer, Alzamora y Navarro, 2005), así como la dependencia instrumental (Blanco, 2008; Espinar, 2003; Oliver y Valls, 2004; ideal de familia (Oliver y Valls, 2004; Melgar, 2009; Sepúlveda, 2005) representan importantes barreras que es necesario derribar en este proceso de ruptura del ciclo de violencia. 

Bibliografía

Jiménez, Sirvent, Campomanes, Blanco, Delgado, Quintana, . . . García. (Del 1 al 29 de febrero). Dependencias relacionales y perpetuación del ciclo de la violencia en adictos. XVII Congreso Virtual Internacional de Psiquiatría. Universidad de Oviedo y Fundación Instituto Spiral: Interpsiquis.


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